Desde hace un tiempo, me he puesto a analizar las habilidades que nos diferencian a las mujeres y a los hombres en el ámbito de los negocios. La principal característica que noté, fue que las mujeres tardamos mucho más que los hombres en planear y hacer que las cosas sucedan, tardan más de lo que deberían. Los hombres parecen no darle mucha importancia a ciertos detalles. Sus planificaciones son rápidas y efectivas y esto hace que terminen las cosas y las vuelvan una realidad.

No digo que las mujeres no lo hagamos, es sólo que tomamos mucho más cuidado que ellos precisamente en los detalles. Esto incluso nos frena en realizar las cosas. Las planeamos tanto, que al final sentimos que no podría salir y terminamos por no hacer nada.

Lo digo porque además de que lo estuve analizando un par de meses, fui parte del proceso también. Tenía ya bastantes semanas pensando en que iba a enfocar mi proyecto de empresa, y no dejaba de leer blogs y asistir a eventos que tenían que ver con emprendimiento. Pero sólo con la idea en mi mente. La “pitcheaba” a quién me permitiera. Sin embargo, no tomaba acción dentro de toda mi planificación.

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Llego diciembre y con ello una ligera tristeza decembrina. Diciembre para mi sólo indica una cosa: “¿Qué metas cumplí este año?” Y comienzas a recordar los propósitos que tenías justo 12 meses antes, y empiezas a recapitular.

Hace un año empezaba a trabajar como maestra de ciencias en un colegio, y eso me hacía increíblemente feliz. Empezaba a adorar a mis alumnos y el ambiente en el trabajo, aunque confuso al principio, era muy acogedor. Eso, más el trabajar en un proyecto de empresa social porque habíamos quedad finalistas en una competencia de emprendimiento súper importante, me hacían ver que todo se iba acomodando.

Pasaron los meses. Acabe el ciclo escolar con mis alumnos en Julio, y renuncié. Tampoco ganamos la competencia y no retomamos el proyecto. Estaba desempleada, pero seguía con esperanzas. Sucedieron varios pequeños proyectos en el inter, pero no sentía que algo se concretara realmente.

No paraba de decirme: Bueno Cristina, ¿cuál es el primer paso entonces? Y mientras no HACIA algo por responderme esa pregunta, los días (y los meses) seguían pasando.

Hasta que vi ese patrón en los hombres y vi como las mujeres no lo estábamos siguiendo. Me dije a mi misma que era momento de tomar acción. Lo que fuera, pero algún paso tenía que dar. Y así comenzamos:

Logo ChiapasCo.Un logo sencillo, un nombre bonito y que da idea de la marca y lo que queremos hacer, pero sobre todo, algo concreto. Y en ese momento en que lanzamos la página de Facebook, todo empezó a moverse a nuestro favor.

No pasaron ni 10 minutos, cuando una ex-compañera de la universidad me escribió a mi cuenta personal para decirme que estaba lanzando una página de artesanías y comercio local, y que podíamos unir fuerzas para sacar adelante nuestros negocios. Hice las primeras ventas con sólo una foto en la página del producto.

Las cosas estaban sucediendo. ¿Por qué no lo había hecho antes si era tan fácil?

Mujeres del mundo de los negocios, y en general mujeres: Tenemos tanto que aprender. Aunque mi propósito en la vida tiene todo que ver con el empoderamiento económico de la mujer en México, el mundo de los negocios esta conquistado por los hombres y para estar ahí también creo que debemos de aprender lo mejor de ellos.

Claro, ellos también deben aprender de las cualidades que nosotras aportamos a las organizaciones (que son súper útiles y necesarias para la reconstrucción de nuevos sistemas socio económicos) y de esta forma, complementarnos para el bienestar general.

Mi punto es: hagamos que las cosas sucedan. Tomemos acción. Demos un paso y luego otro. Hay que movernos en esta vida para que las cosas se hagan realidad. Tal vez pueda ser un paso en falso, pero nunca lo sabremos si no lo damos.

Éxito y a moverse.

Cris.

 

 

 

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